Aunque otro le
replicó “depende de con quién la
compartas”, decía un amigo mío “no hay nada más triste que una habitación de
hotel”.
Quizás mi
amigo coincidía sin saberlo con Bill Kreutzmann, quien también decía “no
importa qué lindo sea el hotel, no es casa”.
Era el año
1974, mediados de abril, cuando mi padre me llevó por primera vez y me lo
presentó. Tenía nombre de mujer, Macarena. La verdad es que no me llamó la
atención; es más, quizás porque llevaba implícita la obligación de trabajar, lo rechacé. Pero
no había otra opción. A mi abuela le encantó, su nieto preferido vestido de
general.
!Qué guapo
estaba¡
Yo lo odiaba.
Éramos de
pueblo. Vinimos a la ciudad junto con otros miles que por aquel entonces buscaban
una mejor vida y más oportunidades. Me convertí en un chico de Polígono. Para
mí lo que había más allá de los límites del barrio era un mundo desconocido.
El uno de mayo
de ese año fue el comienzo de una aventura apasionante que me ha acompañado a
lo largo de toda mi vida.
El comienzo no
fue bueno, yo diría que más bien fue duro. No me gustaba, incluso me
avergonzaba. Pero las cosas empezaron a cambiar muy pronto, a medida que iba
descubriendo ese mundo apasionante que me permitía ver y vivir cosas nuevas,
cosas que yo nunca había tenido tan cerca y me permitían recorrer medio mundo
en unas pocas horas. La gente se trataba de usted, toda. Los superiores
jerárquicos eran señores, Sr. Neira, Sr. Bancalero, Sr. Alcaraz, Sr. Tafur, Sr.
Andrade, Sr. Rodríguez……. Así todos, y el director era don o señor don.
Recuerdo a mi primer Director, Don Antonio Franco, su sola presencia inspiraba
tranquilidad, confianza, llenaba el espacio, transmitía seguridad,
conocimiento, sabiduría, experiencia. Sabía de qué iba aquello.
Unos años más
tarde, quizás tres, me encontré con otro Director, D. Salvador Vilches Gómez.
No es que supiera de qué iba aquello, estaba por encima de aquello. Pero lo que
me impactó fue que creía en la gente, apostaba por los que empezaban, lo que me
ha acompañado durante todos estos años. Gracias maestro. Mi vida profesional no
hubiese sido la misma sin él. De D. Salvador Vilches aprendí que la seriedad y
el humor maridan muy bien en esta profesión. Los resultados son espectaculares.
Había jerarquía y trato exquisito para todo el mundo, no era algo obligado, se creía en ello. Recuerdo que había un maletero, un mozo de equipajes, un hombre delgado, muy alto y más correcto, al que, debido a su edad, me sorprendió que fuese tan mayor, se le trataba de señor, era el Sr. Aquiles. En la parte más baja del organigrama estábamos los pillos, también nos trataban de usted, los niños de barrio, los que éramos capaces de conseguir cualquier cosa, un “ejército” de botones, siete por turno, los que cada mañana, de siete a ocho, jugábamos a futbol en el Salón Torre del Oro y siempre nos sorprendíamos de que nunca se rompiera una lámpara. El balón era de los buenos, las lámparas más, muy caras, tirábamos con ganas, sin miramientos, aunque a algunas les dimos, nunca rompimos una, Dios estaba de nuestro lado, jugaba con nosotros.
Mi primer
sueldo fue de 6.072 pesetas (36,49 €) y había días que conseguía más de 700
pesetas en propinas, una fortuna. Nunca se me olvidará la cara de mi madre
cuando un día, al llegar, en aquella época se entregaba todo en casa, puse
sobre la mesa lo ganado ese día.
Yo solo tenía
16 años. Vivía en un Polígono y fuera del barrio empezaron a tratarme de usted.
Con estas credenciales empecé a descubrir que el mundo al que entraba iba a
engancharme de tal manera que, aunque lo intenté, ya no pude dejarlo. Años más
tarde, sin saberlo, descubrí que Steve Jobs tenía razón:
“Tu trabajo va
a llenar gran parte de tu vida, la única manera de estar realmente satisfecho
es hacer lo que creas es un gran trabajo y la única manera de hacerlo es amar
lo que haces”.
Una de las
primeras definiciones de hotel era “lugar para el alojamiento de personas en
tránsito que como mínimo debía tener una cama, un armario y un aseo”.
¡Lo que ha
cambiado esto¡
Me refería al
principio a la tristeza de una
habitación de hotel. Las empresas hoteleras se han esforzado para que estas sean acogedoras, funcionales unas
veces o con estilos muy definidos otras, sencillas o recargadas, pero lo que no
han conseguido es eliminar la sensación de soledad que transmiten, aunque en
las fotos, todas, todas, salgan deslumbrantes. En esto creo que coincido con la
artista Marina Abromovic que decía “me siento muy sola en las habitaciones de
hotel”.
Por eso muchos
hemos dedicado nuestra vida a quitarle la razón a Santa Teresa, que Dios y la
Santa me perdonen, para que “la vida en este mundo no sea como una noche en un
hotel de segunda clase” aunque como decía el dramaturgo Tom Stoppard “las
habitaciones de hotel habitan en un universo moral diferente”.
Quizás por
eso, ese amigo que aludía a la tristeza de las habitaciones, también me decía
que en ellas se encontraba con él mismo y con la mujer que amaba en secreto, se
amaban en secreto. Los dos vivían intensamente sus vidas en unas cuantas horas,
esas cuantas horas que eran sus vidas, donde no paraban de decirse te quiero
porque la vida se les terminaba, donde cada minuto era eterno, minutos que no
habían sido capaces de vivir antes y nunca imaginaron que pudieran existir tan
bellos y hermosos.
Por algo será
que el legislador ha considerado la habitación de hotel la única parte del
establecimiento como un espacio infranqueable, equiparándolo con el hogar de
quien lo ocupa.
Un hotel es
una historia de vida, es la vida misma que recorre sus pasillos y sus entrañas,
es donde las personas, jóvenes, menos jóvenes y mayores, depositan ilusiones,
crecen, progresan, se superan, se enfadan, perdonan, viven, algunas muchas
horas al día, aman, se enamoran, descubren un nuevo amor que estaba oculto, se
apasionan. Es una historia de pasión que hace que algunos nos olvidemos de nosotros
y vivamos para otros, para los próximos, para los que solo vienen una vez y
para los que repiten. Y como es tan real como la vida misma, algunos la
pierden.
En los
hoteles, en ese mundo, se encuentran segundas oportunidades profesionales y
sentimentales. Profesionales, para aquellos que creían que su tiempo había
terminado, impulsados por el ambiente que los rodea, les hace retomar la
actividad académica y, con ella, las
ansias de saber y progresar. Me han
enamorado siempre las ganas de superación de muchos, de muchos que he conocido
que han empezado desde cero y lo han conseguido.
Sentimentales,
para los que viven un amor callado, oculto, en silencio, en un mundo lleno de
vida en el que, sin buscarlo, el amor deja de ser callado, de estar en silencio
e irremediablemente explota. Sentimentales, para aquellos que encuentran a sus
compañeros de camino.
Por todo lo
anterior, me enamoré muy joven de todas esas formas distintas de encarar la
vida, de compartirla, de enseñarla y de transmitirla.
Me enamoraron
las gentes y los lugares.
La gente como
ML, una recepcionista de hotel, una jovencita muy mujer, a la que jamás vi sin
una sonrisa, a la que siempre la vi atender al cliente con seguridad y dulzura.
Al verla trabajar, me acordaba de Jim Rohn cuando decía que “un cliente bien
atendido podría ser de más valor que 10.000 $ invertidos en publicidad”.
La gente como
JD, una telefonista de hotel, una mujer con una vida difícil pero que jamás,
jamás, perdía la sonrisa y las ganas de atender y ayudar a los demás.
La gente como
CP, una jefa de reservas de hotel, que nunca perdía la calma, con una capacidad
de organización brutal y una seguridad en lo que hacía pocas veces vista. Le
preguntaras lo que preguntaras siempre lo sabía. Era un placer verla trabajar,
irradiaba seguridad a su alrededor.
La gente como
P, una camarera de hotel, con una vida familiar muy complicada, con un hogar de
muy pocos metros cuadrados que compartían muchos, una mujer noble que siempre
tenía una sonrisa en su rostro.
La gente como
G, un camarero de hotel, siempre con una sonrisa, siempre dispuesto a ser el
primero, nunca un no. G estaba solo y vivía en una habitación alquilada en un
piso.
Lugares con
una ubicación inmejorable, o unas vistas espectaculares, o una entrada con una
portada artística y con gran valor arquitectónico, o un hall deslumbrante, etc.
etc. etc.
Por eso, por
todos esos casos, los hoteles deberían ser femeninos. Son como mujeres, todos
tienen algo por lo que merece la pena enamorarse de ellos.
Por todo ello,
los locos que nos hemos dedicado a esto, los que se dedican y los que se
dedicarán, estamos hechos de una pasta especial. Les decía a los estudiantes de
Turismo que sus parejas deberían amar esta profesión tanto como a ellos, ya que
quizás, un día cualquiera, les podría sonar el teléfono y alguien que aman les
diría “no te he oído irte” y ellos tener que responder “no me has oído irme
porque aún no he llegado”.
En los hoteles
desde muy temprano se aprende a obedecer y a mandar, se aprende a ser noble y a
tener grandeza, pero ambas cosas necesitan entrenamiento, necesitan de líderes
que confíen en los que llegan y sepan hacer equipo con el resto. Doy fe de que
existen.
A mis alumnos
en EUSA les decía que el mundo se dividía en dos, los que mandan y los que
obedecen. Después de una pausa estratégica para ver la expresión de sus caras
ante tal división del planeta, continuaba diciéndoles que todos mandamos y
obedecemos, por eso, en la medida en que obedecemos con nobleza, cuando
mandamos, lo hacemos con grandeza.
Quizás por
eso, en mi vida profesional, no he conocido a nadie que haya obedecido con nobleza cuando empezó, que cuando ha mandado, cuando ha dirigido, no lo haya
hecho con grandeza y respeto.
Ghandi estaba
muy lejos de ser hotelero, pero decía que “la mejor manera de encontrarte a ti
mismo es perderte en el servicio a los demás”. Por eso es inevitable enamorarse
de gente que dedica su vida a hacer la de los demás más agradable, a crear
experiencias que creen recuerdos, porque los clientes no recordarán lo que
hicimos o les dijimos, pero siempre recordarán lo que les hicimos sentir.
Me enamoré de
esos directores que creían en la gente; de la dedicación de muchos; de esas
gentes anónimas, como las que he indicado más arriba, que se dedican a los
demás sin tener en cuenta sus circunstancias; de los que les suena el teléfono a las cuatro de la
mañana porque hay un problema y tardan en llegar treinta minutos; de los que se superan día a día; de los que se enfadan porque los resultados de
calidad no han sido buenos; de los que
se quitan el reloj al llegar al hotel; de los
que se ilusionan con la organización de un evento; de los que celebran
que un banquete haya salido como lo habían organizado; y de todos los que después de una jornada
agotadora se marchan a casa con un “hoy también lo hemos hecho bien”.
Me enamoré de
esta profesión donde no existe el yo, donde el yo solo sirve para hacer más
grande el nosotros, donde el equipo está por encima de las individualidades,
donde todos saben que forman un equipo en el que el individuo es importante en
la medida que engrandece al grupo. Me enamoré de los equipos, de las personas
que lo forman, las que saben, para que un evento salga adelante, cuando empieza
y termina su trabajo para dar paso a otro. Me enamoré de las cosas bien hechas
por el simple placer de hacerlas bien.
Me enamoré de
un hotel, una máquina perfecta de hacer cosas bien para satisfacer las
expectativas de los que confían en nosotros.
Por eso, solo
por todo eso, enhorabuena a todos, los que empiezan y los que aún están en la
Universidad, por haber elegido una profesión que les cautivará a lo largo de
toda su vida.
Por eso, solo por todo eso, malditos sean los
adanistas, aquellos que creen que el mundo ha empezado a girar cuando ellos han
llegado, porque creen que con ellos llegó la luz donde antes había oscuridad y
porque ellos han sido los elegidos. Malditos sean por esa falta de respeto
constante y de consideración hacia el trabajo, la ilusión y el esfuerzo de
tanta gente.
Joaquin A. Trigo García
Orgulloso de lo que hice gracias a tanta gente que me enseñaron a hacerlo.
Gracias a todos los que me enseñaron a disfrutar esta profesión.
Ve pensando en el título del libro que vas a escribir porque esa forma de expresar las vivencias y describir el mundo interior de un hotel son propias de un libro para guardar en la biblioteca de cada uno y disfrutarlo.
ResponderEliminarEnhorabuena
Ya está colgado mi último artículo titulado "2ª CARTA A AMLO. NO DIVIDA A LOS MEXICANOS, HÁGA QUE SE SIENTAN ORGULLOSOS".
EliminarEspero lo leas, te guste y lo divulgues.
Gracias.
Increíble, me dejó sin palabras! 👏👏👏👏👏👏
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarYa está colgado mi último artículo titulado "2ª CARTA A AMLO. NO DIVIDA A LOS MEXICANOS, HÁGA QUE SE SIENTAN ORGULLOSOS".
EliminarEspero lo leas, te guste y lo divulgues.
Gracias.
Excelente, gracias por las vivencias. No soy hotelero, pero lo he vivido de cerca y junto a ti. Un abrazo!!
ResponderEliminarYa está colgado mi último artículo titulado "2ª CARTA A AMLO. NO DIVIDA A LOS MEXICANOS, HÁGA QUE SE SIENTAN ORGULLOSOS".
EliminarEspero lo leas, te guste y lo divulgues.
Gracias.
Gran forma de expresar toda una vida al servicio de los demás. Los que te conocemos sabemos que siempre ha sido tu filosofía de vida en el trabajo. ¡Que buena suerte la tuya de haber trabajado rodeado de esa gente tan especial y amante de su trabajo. ¡Ánimo y sigue transmitiendo tu pasión por las cosas!
ResponderEliminarEl mundo de la restauracion es muy parecido al de los hoteles. Tú y yo podriamos escribir un libro con todas nuestras vivencias, pero el best seller será para tí.
ResponderEliminarLo importante en estas profesiones, seas quien seas, es empezar desde abajo y aprender poco a poco y con humildad
Ya está colgado mi último artículo titulado "2ª CARTA A AMLO. NO DIVIDA A LOS MEXICANOS, HÁGA QUE SE SIENTAN ORGULLOSOS".
EliminarEspero lo leas, te guste y lo divulgues.
Gracias.
Espectacular artículo en el que reflejas con profusión todo el respeto que le has tenido a la profesión de hotelero. Desde el principio del artículo aparecen imágenes de vivencias, personas, sentimientos que te llevan a la conclusión del último párrafo, que me parece muy apropiada. El escrito es fiel reflejo de la pasión por una profesión. Vaya mi admiración por profesionales como tú.
ResponderEliminarYa está colgado mi último artículo titulado "2ª CARTA A AMLO. NO DIVIDA A LOS MEXICANOS, HÁGA QUE SE SIENTAN ORGULLOSOS".
EliminarEspero lo leas, te guste y lo divulgues.
Gracias.
Enhorabuena Joaquín Trigo el artículo sobre tu vida y tu trayectoria profesional en el mundo hotelero me parece de un gusto exquisito, disfrutalo has sabido plasmar toda la verdad que tiene este mundo. Yo me siento plasmado en esos escritos tuyos ya que yo era y soy aún estando ya jubilado un enamorado de mi profesión. Gracias
ResponderEliminarSoy Pepe Vázquez
EliminarGracias por compartir esta historia tan bonita. Este enamoramiento me lo trasmitiste en mi breve paso por Sevilla. Qué suerte tiene la Hoteleria de tener a personas con esa pasión, respeto y vocación por ella.
ResponderEliminarUn abrazo Joaquín
Patricia Melgar
Ya está colgado mi último artículo titulado "2ª CARTA A AMLO. NO DIVIDA A LOS MEXICANOS, HÁGA QUE SE SIENTAN ORGULLOSOS".
EliminarEspero lo leas, te guste y lo divulgues.
Gracias.
Las profesiones en las que empiezas desde cero, desde abajo, son una escuela de vida. Hasta el último día de la vida laboral “vale”, “cuenta”. Con el paso del tiempo los miembros de las organizaciones cada vez aprenden más de los que cumplen años, de los “veteranos”, muchos de los cuales se convierten, casi sin quererlo, en referentes.
ResponderEliminarUna profesión como la nuestra precisa de unas habilidades específicas, como puede ser el trabajo en equipo o la mentalidad de servicio, más incluso a veces que la capacidad de liderazgo. Pero la dedicación y la profesionalidad también facilitan a los integrantes de las organizaciones la mejora continua en las competencias en las que, al menos a priori, demuestran más carencias.
Las organizaciones son los empleados. El engranaje de todos los componentes de la organización hace que la misma funcione. Con humildad e interés por aprender, siempre con esfuerzo, mucho esfuerzo, es posible conservar la motivación y la ilusión de un chico de 16 años que empieza a vivir una “aventura apasionante”, lo que otros llaman una profesión.
Enhorabuena Joaquín. Ese “amor de juventud” debe continuar.
Un abrazo
Mar M.
Ya está colgado mi último artículo titulado "2ª CARTA A AMLO. NO DIVIDA A LOS MEXICANOS, HÁGA QUE SE SIENTAN ORGULLOSOS".
EliminarEspero lo leas, te guste y lo divulgues.
Gracias.
Hola Joaquín, soy Andrés Muñoz. Mi perfil me da problemas y he tenido que entrar con el de mi mujer.
ResponderEliminarTu articulo me parece muy interesante y entrañable.
En casi todo, me he sentido muy identificado y digo en casi todo porque mis primeros 14 años fueron en agencia de viajes y fue a partir de 1989, con 29 años, cuando me convertí en hotelero.
Como sabes, dejé esta profesión en Mayo del 2017 y todavía sigo soñando que estoy en el Hotel, con el briefing de la mañana, revisando desayunos, etc etc.
Creo que no hay nada mas bonito que trabajar en lo que a uno le guste. El despertador va a joder siempre, pero una vez pasados esos cinco primeros minutos, la cosa cambia mucho cuando vas a trabajar con ganas e ilusión.
Enhorabuena
Ya está colgado mi último artículo titulado "2ª CARTA A AMLO. NO DIVIDA A LOS MEXICANOS, HÁGA QUE SE SIENTAN ORGULLOSOS".
EliminarEspero lo leas, te guste y lo divulgues.
Gracias.
Bonita historia y bien contada Gracias por este regalo
ResponderEliminarGracias a ti por leerla. Es un honor.
EliminarEnhorabuena por tu artículo. Te conozco desde hace mucho, y no has podido describir mejor el amor por tu profesión. Enhorabuena amigo
ResponderEliminarGracias a ti por leerla. Es un honor. No sé quien eres, me hubiese gustado saberlo.
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