En primer
lugar, quisiera pedir disculpas a ocas y pelícanos, animales nobles y elegantes
donde los haya, no es mi intención ofenderlos ni desearles ningún mal, pero la
vida a veces es muy injusta.
En uno de
mis artículos definí al hotel como “una historia de vida, es la vida misma que recorre sus pasillos y sus
entrañas, es donde las personas, jóvenes, menos jóvenes y mayores, depositan
ilusiones, crecen, progresan, se superan, se enfadan, perdonan, viven, algunas
muchas horas al día, aman, se enamoran, descubren un nuevo amor que estaba
oculto, se apasionan. Es una historia de pasión que hace que algunos nos
olvidemos de nosotros y vivamos para otros, para los próximos, para los que
solo vienen una vez y para los que repiten”.
Pero esa experiencia
de vida apasionante, que se da en espacios que no cierran ni interrumpen su
actividad, espacios 24, 7, también tiene su lado amargo, inexplicablemente a
veces permitido por la propia organización empresarial.
La revista
“preferente” ha publicado una entrevista a Don Gabriel Escarrer Jaume, Vicepresidente
Ejecutivo de Meliá Hotels International, en la que dice que “las restricciones y cuarentenas no eran el
camino adecuado, ya que matan empresas, destinos y sueños, y solo consigue
dañar la economía de empresas y familias”.
Aquí dejo el enlace
de la entrevista completa:
Entrevista a D. Gabriel Escarrer Jaume
Cabría
preguntarse por qué en algunas organizaciones se permite que personajes con poder
de dirección y de gestión, con capacidad de decidir sobre el futuro y la vida
de la gente que la forman, anden sin control a sus anchas, y parafraseando al
mismo @GabrielEscarrer, haciendo “daño a
las economías de hogares y familias y matando sueños”, dejando que la única
esperanza de los que forman dichas organizaciones sea que llegue San Martín,
que aparezcan las Ocas y Pelícanos como un ejército de salvación o que el Sol
salga por Timor.
¿Sabrá @GabrielEscarrer cuántos de estos personajes existen en su organización?
No obstante,
practicar el “bereberismo”, no buscar en la RAE, es un palabro mío, siempre tiene su recompensa, porque tarde o temprano
siempre ves el cadáver del personaje pasar por delante de la puerta de tu casa.
Perdón, del hotel.
Es la venganza
pasiva de mucha buena gente, buenos y excelentes profesionales, a tanta
superioridad fingida e impostada, a tanta chulería de clase, a tanta falta de
respeto profesional a todo el que osase contradecir al personaje, a tanta falta
de humildad a todo lo que no fuese su yo.
Pero un día
llega San Martín y todo cambia. Ese animal que ha sido humillado en su ego, que
ha sido sacrificado, ya solo sirve como pieza principal de la fiesta del
escarnio donde la humanidad aparece con todo su esplendor. Aparece la humanidad
del “yo ya no podía”, la del “he pedido un cambio”, la del “necesitaba aires nuevos”, la del “el covid ha sido muy duro para todos y ahora
necesito descansar”, cualquier humanidad que podamos imaginar, cualquiera
menos la real, la de que le han señalado la puerta de salida.
En su
ignorancia de la realidad que les rodea, solo conocen la suya, no tienen la más
mínima capacidad de ver la de los demás, se preguntan por qué de su situación,
pensando que, alguien que ha hecho tanto por quien le infringe el castigo, no
merece lo que le está pasando.
Con su altivez
enfermiza llegarán a otro destino y no habrán entendido ni aprendido nada, será
un volver a empezar, a despreciar a todo el que le rodea. Ellos son los elegidos para salvar el mundo, pero en su
incapacidad nunca entenderán que es el mundo el que sufre con su sola
presencia.
Por eso, así
terminé mi artículo “me enamoré muy joven, soy hotelero”, solo por todo eso,
malditos sean los adanistas, aquellos que creen que el mundo ha empezado a
girar cuando ellos han llegado, porque creen que con ellos llegó la luz donde
antes había oscuridad y porque ellos han sido los elegidos. Malditos sean por
esa falta de respeto constante y de consideración hacia el trabajo, la ilusión
y el esfuerzo de tanta gente.
Pero también los
que los toleran mientras se les llena la boca de falsas e impostadas llamadas a
cuidar “los equipos”, cuando en realidad estos les traen sin cuidado.
Joaquin A. Trigo
Joaquín, felicidades y gracias por tus reflexiones, tú sabes que pocos te comprenderan como yo, encantado de conocerte mejor cuando desnudas tu alma.
ResponderEliminarUn abrazo compañero
Gracias por tus comentarios amigo, creo que lo debes ser por como escribes. Otro abrazo para ti.
EliminarGracias por compartir una interesante perspectiva, saludos desde México. Ruth Acosta.
ResponderEliminarGracias por compartir una interesante perspectiva, saludos desde México. Ruth Acosta.
ResponderEliminarMuy acertado, hemos visto pasar muchos.
ResponderEliminarY los que vendrán. A las empresas se les llena la boca diciendo que lo primero son las personas, pero en la práctica permiten a gentuza que las destruyen.
EliminarGracias por leer, es un honor para mi.