¿Creemos
que la historia que enseñan a nuestros hijos y nietos pude seguir siendo la
misma?
Vaya por
delante que esto en España, a día de hoy, es imposible. El Estado no tiene
competencias y cada Comunidad enseña la historia que le da la gana, hay 17
historias distintas que priman la historia de la “aldea” contra la historia
común de todos.
Nuestros
hijos y nietos crecen sin referencias colectivas, sin saber su pasado, lo que
se hizo bien y mal, sin sentirse orgullosos de su historia, de lo que hicieron
muchos de los que ya no están pero que vivieron y dieron su vida para que hoy
ellos puedan crecer en paz y seguridad. Crecen sin saber quiénes fueron sus
padres y abuelos ni qué hicieron, crecen sintiéndose del barrio, pero nadie se
atreve a enseñarles quienes son, que pertenecen a un grupo de 47 millones de
personas llamado España con la historia más apasionante del mundo.
Habría que
enseñarles lo que decían de nosotros, de ellos, personajes como Hipólito Taine
o Voltaire:
“Hay un momento superior en la especie
humana: la España desde 1500 a 1700”, hasta 1800 diría yo, o que “los españoles tuvieron una clara
superioridad sobre los demás pueblos: su lengua se hablaba en París, en Viena,
en Turín; sus modas, sus formas de pensar y de escribir subyugaron a las
inteligencias italianas y desde Carlos I hasta el reinado de Felipe III España
tuvo una consideración de la que carecían los demás pueblos”.
Pero también
que nuestra democracia, que no es de 1500 sino de ahora, es un éxito colectivo
de entendimiento entre muchos distintos, sin parangón en el mundo, de lo que deben
sentirse orgullosos.
Lo que demuestra
que Fernando el Católico tenía razón cuando dijo “la nación es bastante apta para las armas, pero desordenada, de suerte
que solo puede hacer con ella grandes cosas el que sepa mantenerla unida y en
orden”.
La historia
es lo que explica el presente, es lo que nos ayuda a comprenderlo, pero a lo
largo de los siglos nuestra historia se ha contado a partir de conceptos
controvertidos: reinos bárbaros, paraíso musulmán, la reconquista, la
inquisición, el imperio, la decadencia, los españoles como gentes violentas,
sociedad revolucionaria, país fascista, país retrógrado, asumiendo como ciertas
algunas descripciones que son tópicos falsos.
Por eso, por
hablar de lo más próximo, para muchos de nuestros jóvenes Franco fue lo peor,
pero no saben que sobre todo fue la consecuencia, no saben ni cómo ni por qué
nos pasó aquella tragedia, pero tampoco saben quiénes fueron Carlos IV y Fernando
VII, origen y culpables de todo lo que vino después.
La bandera,
nuestra bandera, es de unos cuantos porque fue de otros, pero no saben que
tiene más de trescientos años y es de todos.
Preguntamos
a un o una adolescente de doce años quien fue Adolfo Suarez y ni le suena, si
preguntamos a otro, dos o tres años mayor, la respuesta literal es “un presidente de gobierno de hace tres
décadas, que hizo lo que parecía imposible, retomar la economía de España
después de la dictadura de Franco”.
En España nuestra
historia es de derechas y de izquierdas, según quien la cuente. Para unos es
épica y gloriosa, para otros es la negación, el genocidio y la muerte.
Lean el
libro “Imperiofobia y Leyenda Negra”, de María Elvira Roca Barea, también
“Imperiofilia y el populismo nacional-católico”, de José Luís Villacañas, libro
escrito solo y exclusivamente para desmentir y desmotar los argumentos del
primero. Si se deciden, lean los dos libros a la par, comparando capítulos, y
verán.
Por eso quizás
sea verdad lo que decía Lord Wellington, “España
es el único lugar del mundo donde dos y dos no suman cuatro”.
Lo que pasó
hace 500, 400, 200, 80 años se les enseña con parámetros actuales, cuando
habría que contarlo, hablarlo, analizarlo y entenderlo con el pensamiento de
cada época y sabiendo cómo era el mundo entonces.
Por eso es
normal que algunos se avergüencen de su pasado.
Se les enseña
que hubo muerte, sin contar que aquel mundo era violento y había muerte, pero
no se les explica que hubo integración y mestizaje, que se crearon caminos,
universidades, catedrales, que se hizo pasar a todo un continente de la Edad de
Piedra en la que se encontraba al siglo XVI en un corto periodo de tiempo, que
se eliminó la esclavitud y el canibalismo, que se introdujo la ley y el
derecho, la protección del indio y la igualdad ante la ley de todos los
habitantes, la construcción de ciudades, que se incorporó a la civilización católica
a medio mundo conocido o que se introdujo un idioma común con el que nos comunicamos hoy más de 400 millones de personas.
Como dijo
Ramiro de Maeztu “no hay en la historia
universal obra comparable a la realizada por España, porque hemos incorporado a
la civilización cristiana a todas las razas que estuvieron bajo nuestra influencia”
De todo eso
nuestros hijos y nietos deben sentirse orgullosos.
Me gustaría
que la enseñanza de nuestra historia fuese, como escribió el 14.03.19 en El
País A. Pérez Reverte, la que “cuente que
este es un país donde pasaron muchas cosas durante muchos siglos y que
blanquearlas es tan malo como ocultarlas pero que nos une una especie de cemento
común que justifica todo”, pero que también nos cuente lo bueno, lo heroico
y lo que aportamos al mundo. Tenemos que sentirnos orgullosos, transmitirlo a nuestros
hijos y nietos, porque lo hecho fue extraordinario.
Decía
Alexander von Humboldt, uno de los grandes naturalistas de la historia, que “la humanidad debe gratitud eterna a la
Monarquía española, pues la multitud de expediciones científicas que ha
financiado ha hecho posible la extensión de los conocimientos geográficos”.
Eso no se le enseña a nuestro hijos y nietos, ni la Expedición Malaspina, ni
tampoco que otra Monarquía, la de Carlos IV, apoyó y sufragó La Real Expedición
Filantrópica de la Vacuna o Expedición Balmis, la primera expedición humanitaria
de la humanidad, con la misión de vacunar contra la viruela a la población de
medio mundo, todo el territorio español de entonces, y establecer juntas de
vacunación en todas las ciudades visitadas. Desde 1803 a 1806, sin la OMS ni
laboratorios que invirtieran millones en crear medicamentos.
Y ahora que
estamos todos tan feministas, Isabel Zendal fue fundamental en la Expedición
Balmis y nadie la menciona, como no se menciona en la enseñanza de la historia
la importancia de la mujer desde Isabel la Católica hasta nuestros días.
A nuestros
hijos y nietos se les enseña lo que pasó con la Armada Invencible, pero no se
les cuenta que hubo una Contra Armada, la English Armada, al año siguiente con
mayor número de barco que La Invencible y que aquí sí fueron derrotados los ingleses
por tres veces, La Coruña, Lisboa y Las Azores. Blas de Lezo no figura en los
libros de historia, ni mucho menos la batalla de Cartagena de Indias contra la
almirante Vernon.
“Decidle a Vernon que para venir a Cartagena
es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque
esta solo le ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual le
hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir”.
Quien así escribió fue Lezo en respuesta a una carta de Vernon tras la derrota
en Cartagena de Indias. Gracias a esa batalla hoy en día se sigue hablando
español en América.
Pero también
enseñar que Blas de Lezo murió solo y olvidado, no se sabe dónde están sus
restos, que no contó con el apoyo del Virrey Eslava y que fueron solo él, la
soldadesca y el pueblo los que ganaron la batalla.
En los
libros de historia no figura la realidad de la España visigoda, ni la venganza
del conde don Julián ni por qué de la llegada de los bereberes en el 711, ni la
invasión de los vikingos, ni “el lago
español”, ni que más de la mitad de USA era España y que España contribuyó a su
independencia, ni que Juan de Mariana, con su obra “Del Rey y de la Institución
Real”, sentó las bases del pensamiento político moderno y la limitación del
poder político, o que con su también obra “Tratado y discurso sobre la moneda
de vellón” fue precursor de la economía liberal y defensor de la propiedad
privada, ambas cosas a finales del XVI.
En los
libros de historia tampoco está la de los Tercios, qué fueron y significaron,
por qué eran invencibles, la creación de la infantería de marina tal y como la
conocemos hoy y copiada por todos los países del mundo. Quien fue Gonzalo
Fernández de Córdoba, por qué militarmente fue el origen y precursor de más de
dos siglos de victorias y qué cambió y comenzó con la batalla de Pavía.
Tampoco les
enseñamos qué significó para la economía mundial el real de a ocho, moneda que
por cierto fue de curso legal en Estados Unidos hasta 1857 y que dio origen al dólar.
A nuestros
hijos y nietos habría que enseñarles lo que hicimos mal, muy mal, desde 1808
hasta 1939 para que se sientan orgullosos de lo que hicimos en 1978, aprender
de tanto desorden, tantas guerras entre nosotros, tanto odio para ponernos de
acuerdo en un nuevo proyecto común con el nombre de siempre, España.
Que se
sientan orgullosos de lo que fuimos, de lo que somos y que sepan mirar al
futuro con orgullo.
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